Fundamentalismo islámico y terrorismo actual

Cuando hablamos de fundamentalismo islámico no podemos evitar aludir a los atentados del 11S. Con anterioridad a estos hechos, el terrorismo Yihadista no tenía la repercusión social y política que dispone en la actualidad. Al Qaeda justificó dicha acción terrorista por la invasión de EEUU en Irak. Para parte del mundo árabe la invasión de Irak no tenía justificación alguna, cuando realmente las razones por las cuales se llevó a efecto eran diferentes a las que se transmitieron a la opinión pública. Algunos autores consideran que las causas por las cuales se inició la guerra de Irak fueron tres:[1]

  1. Irak es un importante productor de petróleo que está fuera de la influencia de los Estados Unidos.
  2. El ejército iraquí era la única fuerza militar capaz de suponer una amenaza para Israel.
  3. Captar a los judíos pro-sionistas próximos al Partido Demócrata, así como a los cristianos radicales del Partido Republicano, ya que ambos apoyarían dicha acción militar. 

Los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y España, aludieron en la esfera internacional que la causa de la invasión de Irak se basaba en que dicho país disponía de armas de destrucción masiva, lo que suponía un peligro para el mundo occidental. Esta invasión fue apoyada de manera directa o indirecta por organismos e instituciones internacionales, consiguiendo de esta manera dotarle de un carácter de “legalidad”. Es importante recordar que Naciones Unidas obtuvo la autorización previa del gobierno iraquí para que se verificará si existían armas de destrucción masiva. El resultado fue negativo, pero a pesar de todo, se tomó la decisión de iniciar la guerra. Años después se pudo confirmar, a través de la información obtenida de los servicios secretos, que Irak no disponía de armas de destrucción masiva. Incluso, el ex primer ministro británico Tony Blair confirmó que la información que habían aportado a la opinión publica era falsa y que la invasión de Irak no había tenido justificación.

Todo lo mencionado hasta este momento no es más que una manera de concretar la dificultad que entraña el conocimiento del fenómeno del terrorismo en un ámbito internacional, donde entran en juego los intereses, no sólo económicos, sino también geoestratégicos.

Un poco de historia

Es importante mencionar al imperio otomano, que durante los siglos XV y XVI cobijó dentro de su seno un Estado multireligioso, en el que se reconocían y protegían los cristianos, judíos y musulmanes. Muchos de los judíos expulsados de España y Portugal encontraron asilo en los territorios otomanos, regresando muchos de ellos al mundo árabe, concretamente a Bagdad, El Cairo, Damasco y Estambul.

Los otomanos fueron los responsables de crear las primeras academias de funcionariado público en Europa, abolieron la aristocracia tribal y prohibieron los latifundios. En este contexto, tanto los albaneses, eslavos, armenios, etc., llegaban a ocupar cargos de importancia dentro del imperio.

La sociedad islámica desempeña un importante papel ideológico, con un enfrentamiento entre las tradiciones sunníes y las chiíes.  Estos últimos tenían sus propias tradiciones, siendo muchas de ellas extremadamente ofensivas para Asia y los Omeya. Según Tariq Ali, “la pobreza de pensamiento islámico contemporáneo contrasta con la riqueza de la que gozó en los siglos IX y X. Pero los imanes que imparten enseñanzas orales en las escuelas-mezquitas de las ciudades de Europa Occidental y de Estados Unidos probablemente ni siquiera estarían dispuestos a reconocer la existencia de los mutazilíes”.[2]

Un papel importante en el desarrollo del fundamentalismo islámico era el jugado por el wahabismo, definido como “un movimiento ultra puritano, era la religión estatal del reino saudí, y los saudís apoyaban al Jamaat-e-Islami de su país, una organización fundamentalista sólida, aunque de pequeñas dimensiones. Aceptaban la autoridad de Mahoma, pero desaprobaban los excesos de veneración. Rechazaban el culto a los santos y a las reliquias, mas reconocían la autoridad de los cuatro primeros califas, los ortodoxos[3]

La figura principal del wahabismo fue Muhamad ibn Abdul Wahhab (1703-1792), que siguió los pasos de su padre en una interpretación ultraortodoxa y muy cerrada de la ley islámica. Su hijo negaba la adoración a Mahoma, no consentía que se pudiera rezar en los sepulcros sagrados, se oponía a los sunníes y consideraba la necesidad de la unidad en un solo Dios.

Esta idea fanática del islam le permitió definir una yihad contra los demás musulmanes, especialmente contra los chiíes y el imperio otomano. Entre sus postulados religiosos se encontraba:

  1. Permitir los castigos físicos.
  2. Ejecución pública de los delincuentes.
  3. Amputar las manos a los ladrones.
  4. Lapidación a la mujer adúltera.

Una de sus acciones militares más importantes fue la destrucción de la ciudad de Karbala (santa para los chiíes), donde mataron a más de 5.000 de sus habitantes y destruyeron y saquearon viviendas y santuarios.

Este fanatismo religioso, la brutalidad militar que empleaba, así como el uso de las mujeres para reforzar las alianzas políticas, es lo que dio origen a la dinastía que en la actualidad gobierna Arabia Saudí.

Avanzando un poco más, con el Tratado de Versalles en 1919, que puso el final a la I Guerra Mundial, los países firmantes acordaron conceder la independencia nominal a los antiguos Estados árabes que habían estado bajo el poder de los otomanos, pero poniéndolos bajo la tutela de los estados europeos. En este reparto de papeles supervisado por Naciones Unidas, Gran Bretaña gestionó Palestina, Irak y Egipto, mientras que Francia se encargó de Siria y el Líbano.

En la Declaración de Balfour (1917), Gran Bretaña vio favorable el establecimiento de una patria judía en Palestina, lo que provocó que los británicos se anexionaran a Palestina.

En los años 30 comenzó una “guerra económica” entre los británicos y los estadounidenses, ambos querían el petróleo de la región. La Standard Oil firmó acuerdos con Esso, Mobil y Texaco, formando lo que se llamó la Arabian American Oil Company (ARAMCO). Esto supuso la crítica de muchos al considerar que los Estados Unidos sólo tenía intereses económicos, dejando de lado la problemática política y social que reinaba en Arabia Saudí.

En 1984, Naciones Unidas da por finalizado el mandato que los británicos tenían sobre Palestina y permitieron la creación del Estado de Israel. Se creó una corriente antiárabe con origen en el sionismo (nacionalismo judío laico), que buscaban a todas luces la expulsión árabe de los territorios palestinos. En cuanto a la ocupación de Palestina por lo judíos, se han dado diferentes versiones, mientras que por un lado se ha dado la visión occidental de que Palestina era un territorio abandonado y que por eso los judíos lo ocuparon, por otro lado, los que niegan esta interpretación, inciden en el texto escrito por el pensador judío Asher Ginzburg (1856-1937), “la verdad desde Palestina”, donde describe la situación del pueblo palestino incidiendo en la idea que en realidad se trataba de un “pueblo sin tierra”.

El primer levantamiento (intifada) palestino se produjo entre los años 1936 y 1939, como protesta a la invasión judía. A partir de 1948, cuando los palestinos quedaron a merced de los Estados árabes, la Liga Árabe permitió la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Esto trajo consigo que unidades palestinas se integraran en los ejércitos de Siria, Egipto, Jordania e Irak. Es en esta época cuando surge el grupo Al Fatah (Victoria), partidario de llevar a cabo acciones guerrilleras contra el Estado de Israel, las cuales se iniciaron en 1965.

Siria, Egipto y Jordania firmaron un acuerdo militar para comprometerse en la defensa conjunta de sus territorios, pero en 1967, Israel atacó Egipto y se hizo con los territorios de Jerusalén y Cisjordania, ocuparon los Altos del Golán en el sur de Siria, llegando hasta el Canal de Suez.

Ante esta geografía social, surgieron grupos radicales provenientes de los Hermanos Musulmanes que se infiltraban en el ejército, y en 1981, durante un desfile militar, asesinaron al presidente egipcio Sadat. Éste fue sustituido por Mubarak, que enseguida empezó a hacer concesiones de tipo social y cultural a los extremistas religiosos a cambio de que éstos aceptaran la dictadura.

En 1980 se inicia la guerra entre Irak e Irán, que duraría hasta 1988. Sadam Hussein contó con el apoyo de la Casa Blanca para luchar contra la dictadura de Jomeini, recibiendo ayuda militar. A pesar de la oposición a Sadam Hussein por parte de la directiva del Partido Bass, Sadam consiguió mantenerse en el poder y proseguir la guerra. El conflicto terminó cuando Estados Unidos derribó un avión comercial iraní cargado de pasajeros. Este apoyo militar implicó la solicitud de paz por parte de Irán.

En 1990 las fuerzas armadas iraquíes invadieron Kuwait con el apoyo de gobierno estadounidense. El objetivo era el petróleo.

El 11 de septiembre de 2001 se producen los atentados de las torres gemelas, y años después, son objetivos otros países europeos como España, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Alemania, etc. Las causas del origen de los conflictos más recientes son dispares y no lo suficientemente claras, pero continúan dando pasos en la creación de los fundamentalismos.


[1] Extraído de: Ali, T. (2005) “El choque de los fundamentalismos: cruzadas, yihads y modernidad”. Madrid. Alianza Editorial. Las causas de la guerra de Irak que se manifiesta por el autor son una opinión generada dentro del mundo árabe y también del occidental, pero no necesariamente se trata de causas únicas y concretas, existiendo autores que amplifican las razones por las cuales EEUU tomó la decisión de invadir Irak.

[2] Secta que empleaba argumentos racionalistas para explicar el mundo, combinando fragmentos de la filosofía griega con especulaciones basadas en sus propios estudios y observaciones.

[3] Extraído de: Ali, T. (2005) “El choque de los fundamentalismos: cruzadas, yihads y modernidad”. Madrid. Alianza Editorial.