La guerra con Irán puede beneficiar indirectamente a Estados Unidos en el mercado del gas natural licuado (GNL), pero es importante entender cómo funciona el mecanismo económico y geopolítico. No significa necesariamente que la guerra se haga “solo por eso”, pero sí puede generar ventajas económicas para su sector energético.
Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador mundial de GNL, gracias al fracking y a grandes plantas de licuefacción.
Además, hoy es el principal proveedor de gas licuado para la Unión Europea, con alrededor del 57-58 % de las importaciones europeas.
Esto significa que cuando hay crisis energéticas, Europa y otros países dependen mucho del gas estadounidense.
Gran parte del gas mundial pasa por Oriente Medio y el estrecho de Ormuz, una zona estratégica por donde circula aproximadamente un 20 % del petróleo y del GNL mundial.
Si hay guerra o ataques:
Por ejemplo, ataques recientes han obligado a parar producción de GNL en Qatar, uno de los mayores exportadores del mundo.
Si falta gas del Golfo:
Ahí entra Estados Unidos, que puede vender más gas y a precios más altos. De hecho, algunos análisis estiman que las empresas gasistas estadounidenses podrían ganar hasta unos 800 millones de dólares extra a la semana si se prolonga el conflicto y se reduce el suministro del Golfo.
El gas no es solo un negocio, también es poder geopolítico.
Exportarlo permite a EE. UU influir en aliados (Europa, Japón, Corea), reemplazar a competidores energéticos (Rusia, Qatar, etc.) y reforzar alianzas estratégicas.