El criminólogo forense desempeña un papel cada vez más relevante en la 𝙞𝙣𝙫𝙚𝙨𝙩𝙞𝙜𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙙𝙚 𝙥𝙤𝙨𝙞𝙗𝙡𝙚𝙨 𝙘𝙖𝙨𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙣𝙚𝙜𝙡𝙞𝙜𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙢é𝙙𝙞𝙘𝙖, aportando una visión técnica y analítica que complementa la labor médica y judicial. Su función principal consiste en 𝘦𝘴𝘵𝘶𝘥𝘪𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘹𝘵𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘫𝘰 𝘭𝘢 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘶𝘯𝘵𝘢 𝘮𝘢𝘭𝘢 𝘱𝘳𝘢𝘹𝘪𝘴, 𝘢𝘯𝘢𝘭𝘪𝘻𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘥𝘶𝘤𝘵𝘢𝘴, 𝘱𝘳𝘰𝘤𝘦𝘥𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘺 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦𝘴 𝘧𝘢𝘭𝘭𝘰𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘶 𝘰𝘳𝘨𝘢𝘯𝘪𝘻𝘢𝘵𝘪𝘷𝘰𝘴.
En una investigación de negligencia médica, 𝗲𝗹 𝗰𝗿𝗶𝗺𝗶𝗻ó𝗹𝗼𝗴𝗼 𝗳𝗼𝗿𝗲𝗻𝘀𝗲 𝗿𝗲𝘃𝗶𝘀𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮𝘀 𝗰𝗹í𝗻𝗶𝗰𝗮𝘀, 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗼𝗰𝗼𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗼𝘀𝗽𝗶𝘁𝗮𝗹𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗰𝗮𝗱𝗲𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶ó𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗶𝗱𝗲𝗻𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗱𝗲𝘀𝘃𝗶𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗲𝘀𝘁á𝗻𝗱𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗮𝗰𝗲𝗽𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗰𝗶ó𝗻. A través del análisis de la conducta profesional, puede detectar errores por acción u omisión, así como factores sistémicos como falta de recursos, sobrecarga de trabajo o fallos de comunicación entre profesionales.
Además, aplica metodologías propias de la criminología, como el 𝗮𝗻á𝗹𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼, 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗵𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 𝘆 𝗹𝗮 𝗲𝘃𝗮𝗹𝘂𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹. Esto permite establecer si hubo imprudencia, impericia o incumplimiento de protocolos, elementos clave para determinar una posible responsabilidad.
Su informe puede ser fundamental en procedimientos judiciales, ya que 𝗮𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗽𝗿𝗲𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗼𝗯𝗷𝗲𝘁𝗶𝘃𝗮 𝘆 𝗯𝗮𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝘃𝗶𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗿𝗿𝗶𝗱𝗼. Sin embargo, no sustituye al perito médico, sino que trabaja de forma complementaria, ayudando a contextualizar los hechos desde una perspectiva criminológica y organizacional.
El criminólogo forense contribuye a esclarecer casos complejos de posible negligencia médica, reforzando la búsqueda de la verdad y la justicia en el ámbito sanitario.